El descubrimiento de la tumba de Tut-anj-Amón

El 4 de noviembre de 1922 Tut-anj-Amón pasó de ser un completo desconocido a ser el personaje más famoso de la historia del Antiguo Egipto gracias a su tumba. Pero, ¿Fue  su descubridor Howard Carter? ¿Existió la maldición de la tumba de Tut-anj- Amón? ¿Qué secretos nos esconde todavía?


La tumba de Tut-anj-Amón, desde el momento de su descubrimiento hasta hoy, ha sido fuente de revuelo y de interés general, consiguiendo el joven faraón una fama post mortem mayor de la que podría haber imaginado en vida. En las siguientes líneas vamos a tratar de dar respuesta a algunas de las cuestiones que ha suscitado la tumba de Tut-anj-Amón.

Comencemos por su descubridor, ¿Fue realmente Howard Carter el que dio con la tumba KV62?
Pues, aunque suene extraño, realmente el descubridor de la tumba fue un niño que llevaba el agua a los miembros de la expedición de Carter que ya ansiaban dar con dicha tumba de la que ya sabían de su existencia.

Sheikh Hussein Abd el Rassuhl, al que Carter pidió que posará en una foto con una de las joyas del faraón, descubrió la tumba al escarbar con sus manos en la arena para acomodar sus vasijasCarter describió el momento así: 

Fig.1.
"Al llegar al trabajo aquella mañana percibí un silencio inusual. La excavación se había detenido y fui consciente de que algo extraordinario había sucedido. Me recibieron con la noticia de que un escalón cortado en la roca había sido descubierto bajo tierra. (...) Estaba casi seguro de que, al fin, habíamos encontrado nuestra tumba"

Actualmente, su familia se muestra orgullosa de su antepasado. Sin duda, fue un momento que marcó sus vidas pues posteriormente sus descendientes se han dedicado a la búsqueda de tesoros siendo participes también del descubrimiento del famoso escondite de momias reales en Deir el Bahari donde se encontraron a Seti I y Ramsés II entre otros.

No obstante, esto no le quita el mérito a Carter, en absoluto, pues fue él quien dedicó su esfuerzo y trabajo a la búsqueda de la tumba de Tut-anj-amón mientras otros habían renunciado a dicha posibilidad. 

Cómo Egipto encontró a Howard Carter

Carter nació en Londres el 9 de mayo de 1874 en medio de una gran familia, con 6 hermanos y una hermana y murió el 2 de marzo de 1939 en esa misma ciudad. Howard heredó de su padre el don de la pintura, sin embargo, el pequeño Howard Carter descubrió su verdadera vocación en la casa del adinerado William Amherst, un amigo de sus padres que poseía un museo privado de antigüedades egipcias. 

Un día que el egiptólogo Percy Newberry le mencionó casualmente a su buen amigo William Amherst que andaba en busca de un joven ayudante con talento artístico para ayudarlo en su trabajo de documentación egipcia, enseguida salió el nombre del joven muchacho que andaba por su casa maravillado por aquellas antigüedades egipcias. A sus 17 años, se separó de su familia y zarpó hacia Egipto.

Durante la Navidad,  Carter fue a alojarse con Flinders Petrie en Tell el-Amarna. Poco a poco Carter fue aprendiendo las técnicas de excavación y tras varios trabajos como pintor se le ofreció un puesto permanente en el Servicio Egipcio de Antigüedades. Ahora viviría en Luxor y supervisaría todos los emplazamientos en el sur. 

Primeros indicios sobre el faraón

En un momento donde la egiptomanía arrasaba por toda Europa, Theodore Monroe Davis, un hombre adinerado ya retirado, se dispuso a hallar una tumba repleta de oro. Con este objetivo acabó financiando algunas excavaciones en el Valle de los Reyes donde descubrieron una momia de la dinastía XVIII, que aunque se sabía que no era Tut-anj-Amón, sí podía leerse su nombre entre algunos objetos allí hallados. A partir de ahí, fueron encontrando un gran número de artefactos funerarios pertenecientes al joven faraón del que poco se sabía. Davis se ilusionó con poder encontrar su tumba algún día pero finalmente la teoría de que ya nada quedaba en el Valle de los Reyes iba cobrando mayor peso. No obstante, no todos pensaban de tal forma.

Cómo Egipto encontró a George Herbet de Carnavon 

El quinto conde de Carnavon era un hombre aficionado a la velocidad de los automóviles, hasta que un día, un accidente en coche lo dejó totalmente debilitado. Sus médicos, preocupados por los efectos del húmedo invierno británico le recomendaron un cambio de clima. De esta forma Carnavon tomó sus primeros contactos con Egipto, al que como muchos acabó enamorando. 

En 1909 empezó a excavar en Tebas y gracias a la recomendación de Gaston Maspero se puso en contacto con Howard Carter con el que acabó labrando una gran amistad.
Fig. 2. Lady Evelyn Herbert, Howard Carter y Lord Carnarvon (1922) 
El descubrimiento de la tumba

Los diferentes artefactos con el nombre de Tut-anj-Amón, eran una clara prueba de la existencia del faraón y de que su presencia no podía estar muy lejos. Había que buscarle por muchos esfuerzos que fueran necesarios. Tras una serie de trabajos durante algunos años, y con alguna que otra decepción, Carnavon y Carter no perdían la esperanza. 

Así, el 4 de noviembre de 1922, Carter encontró una zona intacta sin explotar y una tumba con los sellos reales intactos. Rápidamente envió un telegrama a Carnavon, que se hallaba en Londres, e hizo prometer a los trabajadores que lo mantuvieran en secreto. En cuanto despejaron la escalera principal, no tardaron en poder leer el nombre del propietario de la tumba, Tut-anj-Amón. 

Aunque existe la creencia de que la tumba de Tut-anj-Amón se encontró intacta porque nunca había sido saqueada esto no es realmente así. Los propios Howard Carter y Carnavon pudieron comprobar que el sello había sido roto en dos ocasiones para volverlo a sellar, prueba de los saqueos que se habían producido en la antigüedad. 

En realidad que todos esos tesoros pudieran permanecer allí durante tanto tiempo se debe a varios factores. Por un lado, gracias a la precaución de los guardias, que tras estos saqueos, decidieron cerrar el pasillo con escombros y trozos de caliza y aumentar así la protección de la sala del sarcófago.Y, por otro lado, la tumba de Tut-anj-Amón no es una tumba propia de un faraón ya que al morir de forma prematura (con 19 años) se tuvo que improvisar usándose una ya creada, su insignificante puerta pasó desapercibida fácilmente. Los constructores que trabajaban en la tumba de Ramsés IV se olvidaron completamente de él y fueron depositando los escombros encima, cubriendo la entrada.

La tumba solo podría mostrar sus cosas maravillosas a los ojos de Howard Carter y esperaría invisible entre las arenas del desierto a que llegará 1922 y ya nada volviera a ser igual pues la emoción del hallazgo y la magia de los tesoros de Tut-anj-Amón siguen haciendo vibrar la egiptomanía de ayer y hoy. 
Fig 3. 
"Despacio, desesperadamente despacio para los que lo contemplábamos, se sacaron los restos de cascotes que cubrían la parte inferior de la puerta en el pasadizo y finalmente quedó completamente despejada frente a nosotros. El momento decisivo había llegado. Con manos temblorosas abrí una brecha minúscula en la esquina superior izquierda. (...) Utilizamos la prueba de la vela para asegurarnos de que no había aire viciado y luego, ensanchando un poco el agujero coloqué la vela dentro y miré, teniendo detrás de mí a Lord Carnarvon, Lady Evelyn y Callender que aguardaban el veredicto ansiosamente. Al principio no pude ver nada ya que el aire caliente que salía de la cámara hacía titilar la llama de la vela, pero luego, cuando mis ojos se acostumbraron a la luz, los detalles del interior de la habitación emergieron lentamente de las tinieblas: animales extraños, estatuas y oro, por todas partes el brillo del oro. Por un momento, que debió parecer eterno a los otros que estaban esperando, quedé aturdido por la sorpresa y cuando Lord Carnarvon, incapaz de soportar la incertidumbre por más tiempo, preguntó ansiosamente: «¿Puede ver algo?», todo lo que pude hacer fue decir: «Sí, cosas maravillosas». Luego, agrandando un poco más el agujero para que ambos pudiésemos ver, colocamos una linterna.(...) En aquel momento el tiempo como factor de la vida humana perdía todo significado. Han pasado tres o cuatro mil años quizá desde que un pie humano pisó por última vez el suelo en que uno está y, sin embargo, al notar las señales recientes de vida a su alrededor —el recipiente medio lleno de argamasa para tapiar la puerta, la lámpara ennegrecida, la huella de un dedo sobre la superficie recién pintada, la guirnalda de despedida arrojada sobre el umbral— uno siente que podría haber sido ayer. El mismo aire que se respira, que no ha cambiado a través de los siglos, se comparte con aquellos que colocaron la momia allí para su descanso eterno. Pequeños detalles de este tipo destruyen el tiempo y uno se siente como un intruso."
Fig. 4. Partes de la tumba
Una vez instalada la luz eléctrica fue cuando Carter pudo ver realmente la magnitud del descubrimiento, tenía ante sus ojos la colección más importante de objetos reales que se descubriría nunca en Egipto. En seguida, llegaron al lugar numerosos expertos y se iniciaron los trabajos de limpieza de escombros y traslado de las piezas.

No consiguieron despejarla completamente hasta 1932, mientras, las personas seguían las noticias del descubrimiento en los periódicos. Además, en ese mismo año se estrenó la película de la momia de Boris Karloff inspirada en este descubrimiento. Todo este ambiente desató una fiebre por Egipto que hizo que todos quisieran decorar sus casas con muebles de estilo egipcio y viajar a Egipto para ver en primera persona los trabajos que se realizaban en la KV62. Toda esta marabunta de periodistas y turistas dificultaba enormemente el trabajo teniendo incluso que verse obligados a interrumpir las excavaciones.
Fig.5. Curiosos observando las excavaciones
Leyendo el libro de Howard Carter podemos ver reflejada toda esa expectación creada ante el descubrimiento, pero, también, podemos ver la empatía que Carter llegó a sentir por Tut-anj-Amón, como vive con cariño cada detalle que descubre entre los muros y objetos de la tumba. No obstante, en su libro no trata solo los aspectos más extrinsecos del descubrimiento, en él Carter también nos habla de su propia opinión acerca de la maldición de la tumba.

¿Existió la maldición de la tumba de Tut-anj-Amón?
A partir de este descubrimiento surgieron una serie de acontecimientos, que unidos a la imaginación y a los conceptos de espiritualidad y magia con los que Egipto es frecuentemente relacionado, se creó el ambiente perfecto para que fluyeran en seguida ideas sobre maldiciones. 

Aunque es cierto que en algunas tumbas sí se han encontrado maldiciones, no ocurre así en la de Tut-anj-Amón. De hecho, el propio Howard Carter en su libro sobre el descubrimiento desmiente todo aquel revuelo que se formó sobre la supuesta maldición, y no hay más que leer al mismo protagonista de todos aquellos sucesos para aclarar esas teorías. Carter afirmó que en la tumba ni había venenos, ni contaminantes, ni maldiciones.

Las muertes que allí ocurrieron, comienzan en torno a Lord Carnarvon, el cual debemos recordar, estaba en Egipto debido a su delicada salud tras su accidente de coche. En Egipto hay un peligro bastante frecuente al que nos podemos enfrentar todos tanto en el pasado como hoy en día, y es sufrir la picadura de un mosquito. A Carnarvon le picó un mosquito en la mejilla, sin embargo, la cosa derivó en una horrible infección, tras arrancarse la costra de forma accidental mientras se afeitaba, que se sumó a su delicada salud. Carnarvon no pudo con  la grave infección y no tardó en sucederle una neumonía que acabó con su vida sin poder terminar de vivir el momento glorioso de ver la momia de Tutankhamón. Por lo que, Carnarvon incluso murió antes de poder llegar a molestar al faraón.

Además, en 1934, el egiptólogo estadounidense Herbert Winlock intentó rebatir la teoría de la maldición mediante el estudio de los hechos. Investigó quienes habían estado presentes, cuantos habían muerto tras el descubrimiento, etc. Al final de su estudio llegó a la misma conclusión que Carter; nada tenía que ver aquello con maldiciones. Sin embargo, la idea de las maldiciones, el misterio y lo espiritual sigue siendo la etiqueta que se le sigue colgando a Egipto, mucho más llamativa que lo que la razón y la realidad nos dice, y así sigue Tut-anj-Amón hasta nuestros días, siendo un faraón vengativo de aquellos que le desvelaron en su descanso.

En la actualidad
Hoy en día Tut-anj-Amón goza de la fortuna de ser el único faraón que descansa en su tumba en el Valle de los Reyes. Su tumba sigue escondiendo secretos, siendo todavía centro de estudio para algunos egiptólogos. Nicholas Reeves está estudiando la existencia de dos cámaras ocultas en la tumba de Tut-anj-Amón alegando que allí podría estar escondida la momia de Nefertiti, siendo realmente la dueña principal de la tumba. Zahi Hawass en cambio, no apoya estas teorías, aunque sí se ha demostrado que las cámaras existen. Queda esperar a que se publiquen los estudios y nos revelen la ansiada respuesta de qué hay en las cámaras, hasta entonces, el misterio continúa...
Fig. 6.

DIANA NAVARRO LÓPEZ
Bibliografía: 
-HOWARD, Carter. La tumba de Tutankhamón. Destino. Barcelona. 2002.
-TYLDESLEY, Joyce. Los Descubridores Del Antiguo Egipto. Destino. Barcelona. 2006.
-www.elmundo.es
Imágenes:
Imagen principal: actualidadchaco.com
Fig 1: elmundo.es
Fig 2: histoire-en-questions.fr
Fig 3: beliefnet.com
Fig 4:historiasdelahistoria.com
Fig 5: kalw.org
Fig.6: rtve.es

Esperamos que os haya gustado esta entrada y nos ayudéis a compartir nuestro trabajo. Si usáis información de aquí, no olvidéis citarnos de la siguiente forma: Explorando Egipto [Consultada: (Fecha del día de consulta)] △△△●《Єxplorando Єgipto 》●△△△

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